Buscar este blog

lunes, 13 de julio de 2020



EL REGRESO DE LE JOURNAL SPIRITE EN LENGUA ESPAÑOLA
EDITORIAL POR JAQUES PECATTE

LE JOURNAL SPIRITE N° 117 juillet 2019

Durante casi veinte años, la traducción del Journal Spirite al
español fue proporcionada por Ruth Neumann de Cara-
cas. Después de su muerte el 12 de septiembre de 2017,
buscamos posibles traductores para llevar a cabo esta tarea, lo
que representa un trabajo considerable. Yolanda Clavijo, amiga
de Ruth, deseaba que Le Journal Spirite pudiera perpetuar su
versión en español y encontró un traductor, vicepresidente de
CEPA en España, Juan Antonio Torrijo Latorre.
Para esta nueva versión de la revista, primero pensamos en
producir un número especial al retomar varios artículos de
revistas publicadas en los últimos dos años.
Más adelante veremos cómo continuar la publicación del
Journal Spirite en español, ya sea en una edición especial una
o dos veces al año, o realizando una revisión completa cada
trimestre.


HOMENAJE A RUTH NEUMANN (1941 - 2018)
Journal Spirite n° 114 - Octubre 2018
Con gran tristeza nos informaron de la muerte de Ruth Neu-
mann el 13 de septiembre. Viviendo en Caracas, trabajó como
secretaria para CIMA, el movimiento espiritista en Venezuela.
Desde 1998, durante nuestra reunión en el congreso en Mara-
cay (Venezuela), Ruth Neumann se había ofrecido a traducir
nuestra revista Le Journal Spirite al español, que se concretó
algún tiempo después.
Desde entonces, la revista se ha traducido regularmente en su
totalidad y de manera constante cada trimestre para su dis-
tribución en versión PDF en varios países de América Latina,
España y Estados Unidos. Algunas versiones en papel fueron
fotocopiadas, particularmente para Cuba, donde pequeños
grupos espiritistas recientes sin computadoras usaron artículos
de revistas como base documental para sus reuniones.
Nuestros pensamientos van con el espíritu de Ruth Neumann,
una mujer devota que, en lo que a nosotros respecta, ha tra-
bajado duro para dar a conocer al Journal Spirite en todo el
continente americano, con corresponsales hispanohablantes y
portugueses no solo en América Latina sino también en Esta-
dos Unidos.

NÚMERO ESPECIAL
Para el presente número, nos hemos hecho cargo de los edito-
riales de tres revistas del año 2019, que evocan las influencias
del fundamentalismo religioso en ciertas elecciones y en la
política en todo el mundo.
El Journal Spirite siempre contiene un dossier sobre un tema
particular de la filosofía espiritista. Para este nuevo número en
español, hemos retomado varios artículos sobre el guía espi-
ritual para llevar a cabo un tema principal que constituye un
dossier como lo hacemos en cada número de la revisión.

NOTICIAS DEL MOMENTO
La pandemia de covit19 que ha trastornado todo el mundo
nos obliga a pensar nuevamente sobre la fragilidad de nues-
tras sociedades ya afectadas por muchos otros flagelos. Es la
primera vez en la historia que las actividades económicas en
todos los países del mundo se han detenido. A diferencia de
la gripe de 1957 (gripe asiática) y 1968 (gripe de Hong Kong),
cada una de ellas causó alrededor de un millón de muertes,
pero que no dieron lugar a ninguna medida en particular, esta
vez tuvimos una verdadera, teniendo en cuenta una prioridad,
la de la vida humana y el valor que representa. Por lo tanto, es
la primera vez que se organiza un confinamiento general, que
se aplica de varias maneras según el país, independientemente
de la reticencia de ciertos gobernantes.
Por lo tanto, era necesario preservar vidas, obligar a las pobla-
ciones a perder temporalmente una gran parte de su libertad, y
esto, a fin de no contar a las víctimas por millones, como fue el
caso durante las grandes pandemias del pasado, como la gripe
española. 1918-1919 (más de 50 millones de muertos).
Este episodio que concierne a todo el planeta trastornó en
gran medida las economías de los países y, por repercusión,
en el mundo del trabajo, condujo a un desempleo masivo,
parcialmente compensado en algunos países como Francia,
o dejando a las personas en la miseria más total en la mayor
parte de estados del mundo. Entonces, se ponen en peligro
todas las estructuras de la sociedad cuando un desequilibrio en
las economías puede conducir al colapso o, en el mejor de los
casos, a una recesión temporal, especialmente en países que
experimentan inestabilidad política.

EL DÍA DESPUÉS

En Europa, en Francia en particular, muchas personas entre los
más jóvenes, piensan que el final de esta crisis de salud repre-
senta un momento favorable llamado «el día después» en el
que debemos aprovechar las circunstancias para un reinicio
diferente de la economía, en una verdadera revolución en la
sociedad. Esta tendencia, fuerte entre los jóvenes, se refleja
en el deseo de desarrollar energías limpias y renovables, de
una manera diferente de producir en agricultura orgánica o
permacultura, a través de circuitos de consumo local y por la
democratización de la vida local.
Estas voluntades para un cambio radical desde el punto de
vista del respeto al medio ambiente y en el plano político para
el advenimiento de la democracia directa, son muy fuertes
al final de la crisis de salud, incluso si ya estos movimientos
habían marcado un deseo de transformación fundamental de
la sociedad neoliberal.
A nivel local, una cierta cantidad de experimentos arrojan
resultados prometedores, pero ¿cuál será la evolución de nues-
tras sociedades occidentales a un nivel económico más global?
Dependemos del comercio internacional en los frentes indus-
trial y agroalimentario. Y la verdadera cooperación ética entre
países ricos y en desarrollo aún no está en la agenda.
Además, consideramos con grandes preguntas las dificulta-
des de toda América del Sur. Ciertamente no estamos bien
informados de todas las dificultades que condujeron a todos
los problemas políticos y económicos de hoy. Sin embargo,
estamos profundamente preocupados por la deforestación de
la Amazonía, cuyas consecuencias afectan a todo el mundo. Lo
mismo es cierto para todos estos incidentes incendiarios que
se han reportado en Australia, Estados Unidos, África Central,
Indonesia y Rusia. Estamos ante la destrucción masiva de la
biodiversidad, los bosques primarios, mientras que los «pul-
mones de la Tierra» están dañados y en peligro, sin mencionar
la contaminación causada por estos incendios. Todo lo que
sucede en una parte del mundo puede tener consecuencias
para otras regiones, y si esto se aplica al medio ambiente, tam-
bién se aplica a la economía, la política, la diplomacia y equili-
brios frágiles entre naciones. Todavía estamos en la hegemo-
nía de las industrias y la producción de riqueza. Las grandes
potencias siempre están orientadas en la misma dirección de
la competencia económica, entre los Estados Unidos y China,
por ejemplo, sin olvidar el surgimiento industrial de la India y la
voluntad de ubicarse en el nivel internacional de países como
Rusia y Turquía.
Obviamente, es nuestro deber reflexionar sobre todo esto des-
de el punto de vista de la ética espiritista. Entonces tendremos
que ver una vez más la evolución naciente de nuestra Tierra,
el resultado de la evolución general de todos sus habitantes.
No hay misterio en este punto, volvemos a lo que ya fue
mencionado y definido en El Libro de los Espíritus por Allan
Kardec, que significa la inferioridad evolutiva de la humanidad.
Sin embargo, agregaremos una nota un poco más moderna y
actualizada sobre la emancipación esencial de toda la humani-
dad, que deberá apelar a los principios de justicia, intercambio
y libertad para todos. Hoy ya no es una cuestión de resigna-
ción, sino de avance en la dirección de las responsabilidades
activas, promover todo lo que pueda mejorar la suerte de los
humanos en la verdadera solidaridad entre los pueblos. Obvia-
mente, esta propuesta sigue siendo solo una utopía, ya que es
cierto que todavía estamos en la era de la convergencia y la
competencia económica y, por lo tanto, en la idea de la máxima
productividad para mantener la renta financiera. El mundo en
su conjunto todavía está fascinado con esta concepción.

EL CALENTAMIENTO CLIMÁTICO
Sin embargo, la emergencia climática debería llevarnos a pen-
sar lo contrario, esto es lo que aún es lento en países ricos que,
como Estados Unidos con su gas y su petróleo de esquisto,
obtenido por fracturación hidráulica, no desean reducir sus
emisiones contaminantes y, por lo tanto, nos hacen perder un
tiempo precioso frente al calentamiento global que requeriría
medidas fuertes para frenar y, en el mejor de los casos, reducir
la velocidad.
Sin embargo, todas estas necesidades ecológicas no deben
hacernos olvidar otros problemas cruciales, como el de la
violencia criminal que se perpetúa en muchos países. Esto
resulta en guerras o conflictos locales incesantes, especial-
mente en todo el Medio Oriente. Y luego también son todos los
migrantes de guerra o hambre, quienes prueban suerte en el
Mediterráneo para unirse a Europa, un ilusorio Eldorado por el
simple hecho de que el derecho de asilo se les niega con mayor
frecuencia y que además un gran número de ellos perece en
el mar. Este es el escándalo de una Europa que afirma estar
unida en el papel, pero que se limita a una inmigración mínima
muy controlada, e incluso inexistente para Países de Europa
del Este.
De una violencia a otra, también nos preocupa el aumento
de la delincuencia en América, del norte al sur. Y aunque los
hábitos racistas y criminales todavía están bien establecidos en
los Estados Unidos, las situaciones en América Latina también
son muy preocupantes. Parece que durante varios años los
brotes de violencia han aumentado en particular en Venezuela
y Brasil.

UNA PERSPECTIVA ESPIRITUAL

Desde el punto de vista de un espiritismo progresista, debemos
acompañar mejor las transformaciones de nuestras socieda-
des, de palabra, por escrito y con pensamiento constructivo. La
humanidad del siglo XXI, después de haber cruzado conflictos
incesantes, dos guerras mundiales y guerras de descoloni-
zación (India, Argelia, Vietnam, África negra, etc.), está en la
etapa de una nueva reflexión sobre el significado de su futuro.
Las grandes preguntas que se plantean ya no son las de ayer,
sino las de los grandes valores de la justicia, la ley, la libertad
responsable y el amor al prójimo, lo que al final nos lleva de
nuevo a la cuestión de “Una verdadera espiritualidad que final-
mente sería liberada de las influencias religiosas”. Hemos sabi-
do durante mucho tiempo que las religiones en general han
sido un obstáculo para la emancipación de los seres humanos.
Pero también sabemos que la espiritualidad non religiosa del
espiritismo permite una apertura intelectual y moral al mundo,
independientemente de cualquier principio dogmático. Esto
es lo que nos permite imaginar una solución que trascienda el
materialismo y la fe religiosa, refutando estas dos viejas propo-
siciones que ni uno ni la otra han dado satisfacción.
Hoy, tal vez, la humanidad ha adquirido la madurez suficiente
para emerger de esta antigua dualidad, y en este punto, una
nueva investigación ha llegado hasta cierto punto en ayuda
del pensamiento espiritista. Estos son los trabajos realizados
en ECM desde Raymond Moody. También son los largos años
de investigación de Ian Stevenson y sus sucesores sobre niños
que recuerdan algunos episodios de su última encarnación.
Ciertos trabajos realizados en hipnosis también refuerzan los
principios de la supervivencia del alma y la reencarnación.
Incluso si el espiritismo no necesitaba esta investigación adi-
cional especialmente, el hecho es que fue útil para convencer
mejor a nuestros contemporáneos y consolidar, si fuera nece-
sario, el principio de continuidad espiritual en el más allá, y la
de vidas sucesivas necesarias para la evolución intelectual y
moral del espíritu.
El escritor francés André Malraux dijo que «el siglo XXI será
espiritual o no será». Obviamente no pensaba en religiones
sino en una espiritualidad no dogmática. Y esta espiritualidad,
hemos de tenerla en cuenta, es la que une a los vivos y a los
muertos, es la de un espiritismo emancipador moderno que
ayudará a la humanidad a encontrar el verdadero significado
de su existencia y de su evolución.

EXTRAÍDO DE:LE JOURNAL SPIRITE JULIO-AGOSTO-SEPTIEMBRE DEL AÑO 2020

sábado, 25 de abril de 2020



EVOLUCIÓN VENEZUELA ESPÍRITA 
2ª ETAPA  REVISTA DE CULTURA ESPÍRITA  Nº 7 / ENE-ABR 2020

Afiliado a la Asociación Espírita Internacional CEPA 
 
EDITORIAL

LA PANDEMIA – UN ACERCAMIENTO ESPÍRITA 
 
Nos hallamos en presencia de una de las mayores calamidades que hayan afectado a la humanidad en mucho tiempo. En efecto, la pandemia desencadenada a partir de la expansión del COVID 19 no hace distinción de fronteras ni de clases sociales, y sus consecuencias, en términos de víctimas y de perturbaciones económicas y sociales a escala planetaria, anuncian que estamos ante un punto de inflexión que señala un antes y un después de su devastadora presencia. Nada será igual. Se avecinan grandes cambios en nuestras maneras de vivir y de relacionarnos con los demás. Frente a ese panorama se imponen algunas preguntas fundamentales: ¿Estamos mental y emocionalmente preparados para asumir semejantes cambios? ¿Habremos aprendido cabalmente las lecciones que se desprenden de un episodio de tal envergadura? ¿Estamos dispuestos a operar en nosotros mismos una profunda transformación moral y un salto evolutivo de conciencia que nos prevenga de otros episodios con similar o mayor fuerza destructiva? 
Son interrogaciones a las que el conocimiento espírita puede responder con suficiencia, habida cuenta de su racional entendimiento de Dios, del universo, de la vida y de la presencia humana, siempre que sea debidamente asimilado y aplicado, vale decir, que sirva para liberarnos de atavismos religiosos, creencias mesiánicas, actitudes fanáticas, terrores infundados o prácticas supersticiosas dotadas de supuestas virtudes curativas o de poderes para la salvación de las almas. Justo es reclamar que la doctrina fundada y codificada por Kardec no sea tergiversada o que en su nombre se reproduzcan de cualquier modo aquellas expresiones propias del pensamiento mágico.
De entrada, hay que apuntar sin rodeos que a la luz del espiritismo, conforme a su proverbial racionalismo, conviene dejar a un lado todo ese tipo de letanías, típicas del dogmatismo religioso, que atribuyen lo que está sucediendo a un castigo divino, a uno de esos mensajes del Dios iracundo del Viejo Testamento a los hombres por haber pecado tanto y olvidado sus mandamientos, como si nos adelantase las penas del infierno. Concepto repetido por doquier durante milenios, en el ámbito de la tradición judeocristiana, aunque también permeaba a otras sociedades muy antiguas como la griega y la romana. Baste recordar el castigo de Apolo a los griegos en la Ilíada, de acuerdo con su lógica del castigo divino.
La concepción antropomórfica de un Dios que se inmiscuye en los actos de las personas, revestido de atributos humanos, no se corresponde con la noción espírita de Dios, espléndidamente expresada en el propio inicio de El Libro de los Espíritus: Inteligencia suprema, causa primera de todas las cosas. Dios, por lo tanto, ni premia ni castiga. De paso, si esta epidemia fuese una manifestación de la cólera divina, mal estarían haciendo los médicos y los sanitarios de todo el mundo combatiéndola y mitigando sus efectos, puesto que estarían enfrentando sus implacables designios. No es así según el espiritismo. Más bien, hay que mirar y comprender al ser humano en el contexto de una perspectiva espiritual e histórica, relativa al complejo e inconmensurable proceso evolutivo que le impulsa a recorrer el camino hacia su continuo perfeccionamiento.
A este tenor, vale la pena proceder a la relectura de un magnífico ensayo de Kardec, publicado en 1868 en su obra La Génesis, los milagros y las predicciones, titulado “Los tiempos han llegado”, cuya idea central expresa la convicción del maestro lionés, de que la renovación moral de la humanidad no advendrá como resultado de cataclismos planetarios o señales de los cielos, sino del “desarrollo de la inteligencia, del sentido moral y la moderación de las costumbres”. Por supuesto, el espiritismo enseña la comunicabilidad entre los espíritus desencarnados y encarnados, y admite que en determinadas circunstancias podrían los espíritus intervenir en acciones terapéuticas, además de reconocer la participación de entidades desencarnadas de gran sabiduría e impecable moralidad en diversos procesos humanos y sociales, por vía de inspiración y asesoramiento para la consecución de nuevos avances en todas las áreas del conocimiento. 
Una breve ojeada a la historia revela que han sido muchas las epidemias que ha padecido la humanidad, y que algunas incluso acabaron con pueblos enteros. Entre las pandemias más devastadoras cabe destacar la peste negra, causada por una bacteria que salió de Asia y se propagó por Europa en el siglo XIV, provocando la muerte de un tercio de la población de este continente. Otro brote de la peste se volvió a extender por el mundo a mediados del siglo XVII, manifestándose con especial virulencia. La pandemia más mortífera de todos los tiempos fue la gripe
española, injustamente llamada así, ya que comenzó en Estados Unidos en 1918. En solo dos años que duró, el número de víctimas superó la cifra de cuarenta millones en todo el mundo. En tiempos más recientes, en los años 80 de la pasada centuria, el sida causó conmoción en todo el planeta y llegó a ser etiquetado como la peste de nuestra época. Al ser menos contagioso que las virosis antes mencionadas, no fue tan letal como inicialmente se temía, pero aun así ha segado la vida a unos cincuenta millones de personas.
Entre los principales factores que intervienen para que las actuales epidemias sean tan graves, destaca la rapidez con que se propagan. Los medios de transporte son su aliado principal. La razón por la que un virus localizado en una provincia china hace tan solo cinco meses haya acabado poniendo en cuarentena a casi todos los habitantes del planeta, se debe principalmente a los grandes flujos de población que son trasladados todos los días por diversos medios aéreos, terrestres y acuáticos. 
En lo que lleva de siglo XXI hemos visto cómo el terrorismo se convierte en un fenómeno global, luego la crisis económica y ahora las epidemias. Un mundo tan interconectado como el nuestro revela hasta qué punto los estados, incluso los muy grandes y poderosos, no son suficientes por sí solos para combatir amenazas generales. Si bien es cierto que el mundo globalizado es el que transforma una epidemia en una pandemia en muy poco tiempo, también es la globalización la que permitirá derrotarla, aprovechando los enormes recursos que se derivan de la informática y en general de todos los avances científicos y tecnológicos. En crisis sanitarias como la actual, se confirma la utilidad de organismos especializados en el área de la salud, y de lo importante que es la cooperación internacional para frenar la propagación del virus.
Las pandemias no solo dejan una estela de muerte y de enfermedades, sino que también suelen traer aparejadas severas crisis en el ámbito económico. Todavía no sabemos con certeza la gravedad de este trance, aunque las cifras que se asoman en cuanto a un previsible estado general de recesión son francamente alarmantes y anuncian un cuadro muy complicado de recesión, desempleo y empobrecimiento de las condiciones básicas que son inherentes a una vida saludable y digna. A las dolencias físicas hay que añadir las de índole psicológica, traducidas en cuadros de ansiedad, miedo o depresión, como respuesta involuntaria e inadecuada ante la incertidumbre o la sensación de vacío existencial.
Frente a este panorama dantesco, se impone la reflexión acerca de lo que deberíamos y podríamos hacer. Y al respecto, el espiritismo nos ofrece luces que pueden brindarnos positivas orientaciones para conducirnos del modo más apropiado y también para auxiliar a nuestros seres cercanos, a nuestros amigos y conocidos, y a las comunidades con las que estemos en relación. La enseñanza espírita se traduce en una permanente invitación al cambio moral y al avance social, a superar hábitos y prejuicios y a revisar nuestra escala de valores a fin de que establezcamos prioridades más razonables, solidarias y fraternas, que la codicia o la vanidad.
En varias de sus formidables obras filosóficas, León Denis, calificado continuador del trabajo de Kardec, afirma que los seres humanos estamos en el mundo para aprender, y que para conseguir este objetivo nos hallamos ante dos opciones: el amor o el dolor. Sin duda, aprender por amor es lo deseable, y cuando así pasa, el espíritu se nutre y se fortalece con alegría; sin embargo, en otras circunstancias, muchas en verdad, el sufrimiento ejerce su magisterio, y la pandemia producida por la veloz expansión del coronavirus es una de ellas. Se trata, pues, de avanzar rápidamente hacia el conocimiento de su origen, su medio y modo de contagio, su letalidad según las características de las poblaciones, para poder entender, asumir y vencer sus secuelas, a partir de la prevención, cuidados y procedimientos curativos, y a la espera de que la ciencia produzca los fármacos o la vacuna que logre frenarlo, controlarlo y erradicarlo. Entre tanto, mucho dolor enluta a la humanidad, y de él habrá que aprender las crueles lecciones que deja.  
¿Qué hacer, entonces? Lo primero, naturalmente, es atender y acatar las instrucciones que dictan los gobiernos y las organizaciones vinculadas con la preservación de la salud y la seguridad individual y colectiva: permanecer en casa, cumplir con las normas higiénicas y de protección, y guardar la distancia social en aquellas circunstancias en que debamos salir para adquirir los productos esenciales para nuestra vida cotidiana. El espírita debe dar ejemplo de un correcto comportamiento ciudadano, y en lo posible, actuar de manera fraterna y solidaria con sus vecinos. Es muy conmovedor apreciar que de todas partes llegan noticias del abnegado esfuerzo que realizan los profesionales de la salud y de resguardo de la ciudadanía; de amorosas actitudes y solidarias conductas manifestadas de mil maneras por personas de gran corazón, todas reveladoras de que, en medio de estas complicaciones, también aflora lo mejor del ser humano. 
Hay que situarse en el aquí y en el ahora. No hay que anclarse en un pasado que ya no está, ni colocarse en un futuro que aún no ha llegado. Ni amargos remordimientos o reproches, ni temores anticipados. Se debe asumir la realidad presente, con sensatez y ánimo positivo, siempre teniendo en cuenta la temporalidad de la epidemia, puesto
que ella pasará y será superada. No nos amenaza el apocalipsis ni el fin de los tiempos. Es una situación muy dura, complicada, pero superable. La humanidad seguirá adelante.
La reclusión en casa, con sus inevitables inconvenientes y disgustos, debe ser asumida con serenidad y aprovechada como una oportunidad para nuestro crecimiento personal. Es momento apropiado para la introspección, la reflexión y el propósito de enmienda. Un área muy sensible que está generando graves desequilibrios como consecuencia de un estilo de vida inadecuado que deviene de un indiscriminado consumismo y de un deshumanizado modelo de desarrollo industrial y comercial, es la que se refiere al entorno natural. Aunque se muestre como una cruel paradoja, un primer beneficiado por ahora de la limitación de movimientos, es el medio ambiente, ya que la contaminación ha descendido drásticamente en las ciudades que están en cuarentena. Hay en esto una lección profunda que requiere un perdurable aprendizaje y una verdadera disposición para introducir cambios en nuestro estilo de vida.
Es un buen momento para la valoración y cultivo del amor familiar. Para la buena lectura y el sano entretenimiento. Para cumplir, dentro de las posibilidades de que se disponga, un ritmo de ejercicios que mantengan el funcionamiento eficiente de nuestro organismo. Para aprender o reaprender a alimentarnos de la manera más sana con la finalidad de atender a las demandas corporales.  Para poner en práctica herramientas terapéuticas de gran simplicidad y enormes beneficios como la relajación, la visualización positiva y la meditación. Para ir al encuentro de una íntima conexión con Dios y el mundo espiritual por medio de nuestras más delicadas y elevadas vibraciones, ofreciendo el concurso de nuestro amor a quienes están enfermos a favor de su pleno restablecimiento, y a quienes han desencarnado, pidiendo por el esclarecimiento y la serenidad de sus espíritus.
En síntesis, la propuesta espírita, inequívocamente kardecista, progresiva y actualizada, plenamente laica y librepensadora, revela en ésta, como en tantas otras difíciles circunstancias de la vida y la evolución humanas registradas por la historia, su inmenso potencial intelectual y moral, capaz de ofrecer una sustantiva contribución al desenvolvimiento material y espiritual del mundo. De un mundo que indefectiblemente seguirá adelante, venciendo pandemias y toda suerte de calamidades, porque lleva en sí mismo el principio indestructible de su eterno progreso.
Jon Aizpúrua

jueves, 16 de abril de 2020





 ¿ En qué Dios creo ?


     Extrañamente, a pesar del notable número de personas que dicen creer en Dios, es igualmente notable el número de los desencantados, depresivos, desesperados

    ¿Cómo se explica que creyendo en Dios, Padre amoroso y bueno, que todo lo ve, todo lo sabe y todo lo hace, la persona  caiga en el pozo de la desesperanza?
Quizás la respuesta esté en la manera de cómo creemos en Dios o somos guiados a creer.
     Una vez Albert Einstein en Nueva York, dialogando con el Rabino Goldstein, fue inquirido si creía en Dios. Él contestó:
     Tengo el origen judío arraigado en mi interior. Creo en el Dios de Spinoza, que revela la armonía en todo lo que existe. Sin embargo, no creo que Dios se preocupe por la suerte de las acciones realizadas por los hombres.

     A causa de esa declaración se generaron muchas polémicas entre Albert, físicos y religiosos. Muchos se valieron de su declaración para desarrollar protestas acerca de sus teorías.

     Religiosos se manifestaron, diciendo que la Teoría de la Relatividad debería ser revisada. Decían que tras toda la controversia de aquel físico, estaba el terrible fantasma del ateísmo.
      Que él diseminaba dudas en relación a la presencia de Dios sobre la creación de todo el Universo y los seres.
       La respuesta del físico fue tranquila, sin embargo continuó incomprensible para muchos.
      Él decía que su religión consistía en la admiración por la humildad de los Espíritus superiores, pues ellos no se detienen en los pequeños detalles, ante nuestros Espíritus inciertos.

       Decía: Por ese motivo racional, delante de la superioridad del Universo, es que acepto y hago mía  esta idea de Dios. No soy ateo.

       Quien quiera deducir eso de mis teorías científicas, no las entendió.  
       Personalmente creo en Dios y nunca en mi vida cedí a la ideología atea. No hay oposición entre la ciencia y la religión.
       Lo que existe son científicos retrasados, con ideas que no evolucionaron en el transcurrir del tiempo.
      Veo en la experiencia cósmica una noble religión, una fuente científica para profundas investigaciones.
       Intento comprender cada estrella contenida en ese Universo inmenso, que no es material.
       Quien así no procede, sintiendo esa sensación extraña de querer levitar en el infinito, realmente no sabe vivir, porque está muerto delante de tanta belleza divina.
        Existen muchas formas en el ser humano de  creer en Dios. Para muchos, existe el Dios jurídico, legislador, agente policial de la moralidad, que a través del miedo, establece esa distancia de la creencia verdadera.
       Dios está en todas mis teorías e invenciones. Él está presente en todo y creo que en todos, hasta en las formas más primitivas.
       Esa es mi religión y el Dios en que creo.

      Así decía y así vivió.
      Albert Einstein fue el ejemplo del cristiano auténtico preocupándose constantemente por su semejante.

      Dos años antes de su desencarnación fue conmemorado su cumpleaños con una gran fiesta pública.

      Todo lo que le fue dado como regalo, Albert lo transformó en dinero y envió los fondos para la Facultad de Medicina Albert Einstein.

Redacción del Momento Espírita, con base en datos biográficos de Albert Einstein.

                                                          ******************